Me gustaría empezar este post dejando claro que quiero analizar en clave puramente objetiva un evento con un componente turístico indiscutible como han sido las Jornadas Mundiales de la Juventud, al eco de los comentarios previos que se generaron y sin entrar en cuestiones tan personales como puedan ser las de libertad de credo, incluso de no credo. (Personas que se desplazan de su lugar de origen por ocio o trabajo).
En un momento en el que hemos pasado del todo vale a la hora de organizar eventos (se notaba cuando nos sobraba el dinero, nadie se cuestionaba el retorno de los mismos), a otro muy distinto en el que se cuestiona casi cualquier cosa. Creo que en ambos casos lo que falta es un análisis objetivo de su retorno. El dinero público está bien o mal empleado en todos los casos en función del retorno que pueda generar para la ciudad/país sobre el que se celebra.
Sobre esta base pueden ser muchos los ítems para valorar dicho retorno en clave turística (que es lo nos ocupa). Posicionamiento de marca, generación de demandas, derrama económica provocada, por citar algunos, son sin duda los valores a medir antes y después de la organización de un evento. Por tanto decir a priori que tal o cual evento es bueno o malo sin disponer al menos de esos ítems de valoración es hacer claramente un brindis al sol y entrar en la pura especulación/charlatanería tan común por otra parte en nuestro país.
Reivindiquemos pues para nuestro sector, que se comience a hablar con conocimiento de causa, a abrir debates y a criticar cuando sea necesario. No digo que no existan y puedan existir eventos de todo tipo, que son desde la perspectiva económica un total fiasco para el organizador. Cuando este es un organizador privado ese será su problema, pero cuando además hay un coste público provocado por dicho evento debe demostrarse y perseguirse públicamente para que no se realice más.
Resido en una comunidad en la que últimamente todo es cuestionar lo bueno o malo de la política de eventos, te preguntan qué te parece la Formula 1 ¿? .Siempre contesto que no se , ya que, aún no conozco el coste real que tiene, más menos, se por lo que se publica el retorno en gasto directo, pero en posicionamiento de marca? , etc. Para poder decir por tanto es bueno o malo un evento en este caso como la F1 en la ciudad de Valencia deberán tenerse todos los datos y valorarlos objetivamente y a partir de ahí hablar.
Esto ha pasado en las últimas semanas con las Jornadas Mundiales de la Juventud. A priori que Alcalde, que presidente de un país (sea el presidente o el alcalde , judío, musulmán o incluso Ateo), no querría Invertir no sé, 50 Millones de euros , si alguien le diera posteriormente los siguientes números; 166 Millones de euros de ingresos generados, un millón y medio de turistas, alrededor de 3000 empleos directos y 7000 indirectos,600 millones de personas han seguido el evento por televisión (Indiscutible posicionamiento de marca Madrid/España, vale si quieren los más críticos ante un target de católicos, ya que solo son alrededor de 1200 millones de potenciales consumidores en todo el mundo, ¿1200 millones de potenciales compradores del destino Madrid/España?).
Si fuera ese alcalde aún cuando fuera ateo entendería el retorno que esto genera y buscaría su desarrollo para mi ciudad.
Cuánto cuesta organizar unas olimpiadas?, cual es su retorno? cuánto cuesta organizar un macrofestival de música y su retorno?
Porque en esos casos no nos planteamos si el dinero está bien o mal invertido?
En serio vamos a pedir más responsabilidad a nuestros políticos, a los medios de comunicación y en general a nuestra sociedad y empecemos a hablar con datos objetivos (que los hay en todos los casos) y si estos demuestran que tal o cual evento son generadores de beneficios en clave turístico para un destino apoyémoslo incluso con iniciativa pública, pero eso si siempre con datos. Y si finalmente se puede demostrar que la inversión pública realizada para este evento de la JMJ en relación al retorno generado (ojo en clave mercantil, no espiritual) no ha sido positivo hagámoslo público.
Dejemos de una vez de charlatanería y actuemos profesionalmente para facilitar que este país salga de la situación económica que tiene, debido en gran parte a que durante mucho tiempo vivimos un sueño en el que además se tomaban decisiones justamente sin objetividad y búsqueda de una rentabilidad distinta a la política.
